Es lindo soñar, deslizarse por esos laberintos de la mente en los cuales cada puerta lleva a un sueño. Algunas puertas me gustan, me muestran lo que quisiera ser, otras me enseñan cosas que me agradan de mí, algunas están olvidadas en rincones oxidados por temor a volver a abrirlas. Hay una puerta que me lleva al el ahora, a lo que es, que me muestra las cosas sin ocultar, distorsionar, sin omitir. Sin embargo, cuando esa puerta es muy cruel hay una más, una que no me olvido nunca de visitar, recordarla porque es parte mía, de mi laberinto, de mi casa, de mi mente, de mi alma… Nunca me olvido de abrir la puerta de la fé. Siempre me ayuda a que la puerta del ahora sea un poco menos obscura.
Porque la oscuridad sólo existe como antónimo de la luz. Y aunque sé que las cosas no son como quisiera, sé que no estoy tan perdida. Nunca lo voy a estar, siempre tengo a mi luz interna para iluminarme cuando las demás luces dejen de existir.
Quisiera tener algo más, pero es suficiente.
Gracias.



